Gas radón en casa: entradas y protección
Conoce qué es el gas radón, cómo puede entrar en una vivienda y cuándo debes prever medidas de protección conforme al CTE.

El gas radón es una cuestión que conviene considerar cuando una vivienda está en contacto con el terreno, especialmente si tiene sótano, semisótano o planta baja. No es un problema que puedas identificar a simple vista, pero sí puede estar relacionado con grietas, juntas mal resueltas y pasos de instalaciones. Entender de dónde procede, por dónde se infiltra y qué exige el CTE te permite plantear una reforma con criterio y evitar soluciones parciales.
El gas radón es un gas natural del subsuelo que puede acumularse dentro de una vivienda
El radón es un gas radiactivo de origen natural que se genera en el terreno a partir de la desintegración de elementos presentes en rocas y suelos. Puede desplazarse a través de los poros del terreno y alcanzar los edificios que se apoyan sobre él o que cuentan con cerramientos enterrados. Cuando encuentra una vía de entrada, pasa al interior y puede permanecer acumulado si la renovación del aire es insuficiente.
No se trata de un gas que puedas reconocer por el olor, el color o una molestia inmediata. Precisamente por eso conviene no confundirlo con una humedad visible, una filtración o un olor a cerrado. Puede haber problemas de humedades y radón al mismo tiempo, pero también puede existir entrada de radón en una vivienda aparentemente seca y bien conservada.
La presencia interior depende de varios factores que actúan conjuntamente. Influyen la composición y permeabilidad del terreno, la ubicación del inmueble, la continuidad de los cerramientos en contacto con el suelo, el estado de juntas y fisuras, así como la ventilación de los espacios habitados. Las diferencias de presión entre el interior y el terreno también pueden favorecer que el gas se desplace hacia la vivienda.
Controlar su presencia es importante porque el radón puede concentrarse en el aire interior durante periodos prolongados. La forma de saber si existe una concentración que requiere atención es realizar una medición adecuada. Esa comprobación permite pasar de una sospecha general a un diagnóstico útil para decidir qué parte de la envolvente debes revisar y qué solución tiene sentido aplicar.
El radón entra por grietas, juntas y otros puntos de contacto entre la vivienda y el terreno
El radón no necesita una abertura grande para infiltrarse. Los puntos de contacto entre la vivienda y el terreno suelen reunir pequeñas discontinuidades que, aunque no sean evidentes, permiten el paso del gas. Por ello, una reforma orientada a reducir la entrada de radón debe revisar la continuidad real de los elementos constructivos, no solo la superficie visible del pavimento o del muro.
Las vías de entrada más habituales son las siguientes:
- Fisuras y grietas en soleras, losas y muros situados bajo rasante o apoyados sobre el terreno.
- Juntas entre la solera y los muros perimetrales, especialmente si han perdido continuidad o presentan movimientos.
- Encuentros entre distintos materiales, como muros de fábrica, hormigón, pavimentos y elementos prefabricados.
- Pasos de tuberías, conductos, cableado y otras instalaciones que atraviesan cerramientos en contacto con el suelo.
- Sumideros, arquetas, registros y conexiones con cámaras o redes enterradas cuando no están correctamente resueltos.
- Fisuras alrededor de pilares, patinillos y elementos estructurales que atraviesan la solera.
Algunas de estas entradas también pueden asociarse a filtraciones de agua o a humedades. Sin embargo, no debes asumir que toda grieta con humedad es la causa principal de la entrada de radón, ni que una superficie seca está necesariamente libre de infiltraciones. La revisión debe considerar el conjunto: el terreno, la envolvente, las instalaciones y la ventilación del espacio.
En reformas donde es necesario reparar juntas, rehacer una solera o corregir encuentros constructivos, los trabajos de albañilería pueden formar parte de la intervención. Lo relevante es que esas reparaciones se ejecuten como parte de una estrategia de estanqueidad y no como un simple arreglo estético. Sellar una fisura aislada puede ser útil, pero no sustituye la revisión de todos los puntos por los que el gas podría seguir entrando.
También conviene observar si existen pasos de instalaciones añadidos con posterioridad a la construcción original. Las reformas de cocina, baño, climatización o telecomunicaciones pueden haber creado perforaciones en elementos que separan la vivienda del terreno. Si esas penetraciones no se sellaron de forma compatible con el cerramiento, pueden convertirse en rutas de infiltración.
Las viviendas con plantas en contacto con el terreno requieren especial atención frente al radón
Las plantas situadas en contacto directo con el terreno son las que tienen más posibilidades de recibir gas procedente del subsuelo. Esto incluye sótanos, semisótanos, plantas bajas sobre solera y estancias parcialmente enterradas. La proximidad al terreno no implica por sí misma que vaya a existir un problema, pero sí justifica una revisión más cuidadosa de la construcción y de las condiciones de uso del espacio.
Los sótanos suelen reunir varios factores que favorecen la acumulación: muros enterrados, soleras en contacto con el suelo, menor entrada de aire exterior y presencia de instalaciones, arquetas o patinillos. Si además se usan como zona de estar, dormitorio, despacho, sala de juegos o espacio de trabajo, su calidad de aire interior merece una atención específica. Un cuarto inicialmente destinado a almacenaje puede cambiar de uso con el tiempo, y ese cambio puede hacer necesario revisar su ventilación y sus cerramientos.
En un semisótano, una parte de los muros puede estar en contacto con el terreno y otra quedar expuesta al exterior. Esta configuración genera encuentros especialmente sensibles entre la zona enterrada y la zona vista. Las juntas, los cambios de nivel y las conexiones con patios ingleses, escaleras o accesos exteriores deben comprobarse porque pueden combinar filtraciones de agua, entrada de aire y vías de paso desde el suelo.
Las plantas bajas también pueden requerir atención, incluso cuando no haya un sótano. Una solera apoyada sobre el terreno, un forjado sanitario mal ventilado o un encuentro perimetral deteriorado pueden permitir la entrada de radón. Por este motivo, al reformar el pavimento de una planta baja no conviene limitar la decisión al acabado final. Puede ser una oportunidad para revisar la base constructiva, el sellado de instalaciones y la continuidad de las capas de protección.
Además de la posición de la vivienda, importa cómo se comporta el aire en su interior. Los espacios poco utilizados, cerrados durante largos periodos o conectados con zonas enterradas pueden acumular más aire procedente del subsuelo. Puertas entre garajes y viviendas, huecos de instalaciones, trasteros anexos y escaleras interiores son puntos que merece la pena incorporar a la inspección.
El CTE exige medidas de protección frente al radón en las zonas afectadas y en las obras a las que aplica
El Documento Básico de Salubridad del Código Técnico de la Edificación incorpora una exigencia de protección frente a la exposición al radón. Su objetivo es que los edificios contemplados por la norma dispongan de soluciones constructivas que limiten la entrada de este gas desde el terreno y, cuando corresponda, faciliten su evacuación.
La aplicación práctica parte de una zonificación territorial. El CTE utiliza la clasificación asignada a cada municipio para establecer el nivel de protección que debe contemplarse. Por tanto, no basta con saber la provincia o la comunidad autónoma en la que se encuentra el inmueble: debes comprobar la zonificación concreta del municipio y utilizar la documentación vigente aplicable al proyecto.
La zonificación diferencia municipios con distinto potencial de presencia de radón procedente del terreno. En las áreas donde el potencial es mayor, la exigencia de protección es más intensa. Esto puede traducirse en la necesidad de prever una barrera frente al radón y sistemas que permitan controlar o reducir el gas bajo el edificio, según la solución definida en el proyecto y las condiciones constructivas.
En obra nueva, la protección debe integrarse desde el diseño. Es el momento más eficaz para resolver la continuidad de las capas bajo la solera, los encuentros con muros, los pasos de instalaciones y la posible ventilación o despresurización del terreno. Incorporar estas medidas desde el inicio evita tener que intervenir después sobre pavimentos terminados, acabados interiores o elementos ya ocupados.
En edificios existentes, la obligación no depende únicamente de que la vivienda esté ubicada en una zona incluida en la zonificación. También importa el alcance de la intervención, el uso del inmueble y los elementos constructivos afectados por la obra. Una reforma que actúe sobre soleras, muros enterrados, cerramientos en contacto con el terreno o espacios habitables puede requerir que el proyecto estudie la protección frente al radón conforme a la normativa aplicable.
Por eso, antes de comenzar una rehabilitación, conviene que el técnico responsable confirme si la actuación queda dentro del ámbito de aplicación del CTE y qué solución exige la zonificación del municipio. La licencia, la memoria técnica y la dirección de obra son los instrumentos adecuados para dejar definida la respuesta constructiva. Resolverlo solo a partir de una recomendación genérica, sin revisar el proyecto y el edificio, puede llevar a instalar una medida insuficiente o innecesaria.
Las soluciones frente al radón combinan barreras, sellado y ventilación según el diagnóstico del edificio
No existe una única solución válida para todas las viviendas. La respuesta adecuada depende de por dónde entra el radón, de si hay contacto directo con el terreno, del estado de los cerramientos, de la distribución interior y del resultado de la medición. En muchos casos, la estrategia eficaz combina varias actuaciones en lugar de confiar en una medida aislada.
Una barrera frente al radón busca limitar el paso del gas desde el terreno hacia el interior. Debe instalarse con continuidad y con especial cuidado en solapes, juntas, perímetros y encuentros con instalaciones. Una membrana bien colocada en una zona abierta puede perder eficacia si queda interrumpida en un pilar, un conducto o una unión con un muro enterrado.
El sellado complementa esa barrera. Consiste en tratar fisuras, juntas, pasos de instalaciones, registros y otros puntos donde la envolvente ha perdido estanqueidad. Es una medida especialmente útil cuando la inspección detecta discontinuidades concretas, aunque debe ejecutarse con materiales compatibles con el soporte y con los movimientos previsibles de cada encuentro.
La ventilación del espacio bajo la vivienda o la creación de un sistema que facilite la extracción del gas puede ser necesaria cuando el diagnóstico indica que reducir las vías de entrada no es suficiente. Una cámara sanitaria ventilada, un espacio bajo solera preparado para evacuar el gas o un sistema de despresurización son alternativas que deben definirse según la configuración del edificio y el objetivo de protección.
Las humedades y filtraciones merecen una revisión paralela cuando aparecen en muros enterrados, soleras o juntas perimetrales. Aunque no son equivalentes al radón, pueden señalar deterioros en los cerramientos o encuentros que también facilitan infiltraciones desde el terreno. Puedes valorar una inspección dentro del servicio de impermeabilizaciones y humedades si observas entradas de agua, manchas, deterioro de revestimientos o fisuras en estas zonas.
La medición previa ayuda a priorizar. Permite conocer si debes actuar primero sobre una zona concreta, si la ventilación existente es insuficiente o si el foco está relacionado con el contacto con el terreno. Tras una reforma, una nueva comprobación permite valorar el comportamiento de la solución aplicada. Esta secuencia evita intervenir a ciegas y facilita que la inversión se concentre en los elementos que realmente influyen en la calidad del aire interior.
Si vas a reformar una planta baja, un sótano o un semisótano, incorpora el radón a la conversación desde el principio. Revisar la zonificación, medir cuando proceda y coordinar las decisiones de albañilería, estanqueidad y ventilación te permitirá resolver el problema con una intervención coherente, especialmente si la obra afecta a elementos en contacto con el terreno.
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